La Habana, capital de Cuba y centro de la actividad del país, lugar de obligada visita que enamora a todo aquel que la ve y la vive. No tuvimos mucho tiempo, de martes por la noche a jueves por la mañana, pero lo hemos aprovechado bien. Más que visitar museos y edificios lo que nos apetecía era descubrir sus rincones callejeando y sumergirnos en su ambiente. Así lo hicimos, fundamentalmente nos hemos dedicado a caminar por la Habana Vieja y el Malecón, a visitar los pequeños locales con música en directo de la calle Obispo, con paradas en lugares tan tradicionales como La Bodeguita de Enmedio o La Plaza Vieja. Un montón de imágenes y vivencias que quedaran grabados para siempre en nuestro recuerdo. Es difícil describir las cosas que te inspira, casas coloniales pintadas multicolor al lado de otras que se vienen abajo por ausencia de mantenimiento, coches de hace más de 50 años, funcionando por la pericia mecánica de la mayoría de los cubanos, junto a modernos coches europeos destinados al turismo, coco-taxis y bici-taxis, marketing del régimen por todos lados, edificios públicos esplendorosos, calles llenas de baches, escasez de productos que para nosotros son básicos, y su gente, sobre todo su gente, la alegría con la que viven a pesar de sus tremendas dificultades, su gran cultura y educación, independientemente de a que se dediquen, su amabilidad y simpatía, aunque también hay alguno que se pasa de ello para intentar sacarte unos pesos. Mi balance muy positivo, hay que estar aquí para saber realmente lo que es, una experiencia muy buena, aunque dura a la vez.
El jueves por la mañana, y tras recorrer toda la ciudad para intentar localizar unas aletas y unas gafas de buceo, de las cuales solo conseguimos estas últimas (increíble, pero cierto, no hay, igual dentro de 15 días hay algo…, nos decían), partimos en dirección Santiago, para evitar cruzarnos toda la isla de un tirón, lo cual me resultó muy duro a la ida, haríamos parada en Trinidad, ciudad patrimonio de la Humanidad, cuyo centro histórico está muy bien conservado. Este primer tramo es casi todo autopista, aunque un poco peculiar, después de ver como cruzan delante de ti caballos y carros, como la gente hace el cambio de sentido en cualquier lugar cruzando el seto, como te puedes encontrar ciclistas en dirección contraria o vendedores ambulantes en la mediana, te das cuenta que no es el mismo concepto que nosotros tenemos. Ya no os digo nada de las carreteras secundarias, me daba la impresión de estar jugando a un videojuego en el que tienes que evitar socavones, bicicletas en medio de la calzada, carros y caballos, camiones y coches antiquísimos a 30 km/h y emitiendo una cortina de humo tras la cual no se ve nada, todo ello sin señalización horizontal ni vertical, divertido, pero peligroso, en una ocasión nos tuvimos que salir de la carretera por evitar a un ciclista y en varias casi salimos volando por badenes o reventamos una rueda por socavones.
Trinidad preciosa, paseamos por su plaza principal y alrededores, en los que había un mercadillo de artesanía; increíble como son capaces de elaborar auténticas obras de arte partiendo de cualquier materia prima, una muestra clara de que la necesidad agudiza el ingenio. (más…)